
El segundo trimestre
siempre ha destacado como el momento del año donde mayor es la tasa de
incremento de la ocupación. Este año, sin embargo, como ocurrió en el 2009, se
ha destruido empleo lo que vaticina un año nefasto (el Gobierno prevé que se
destruyan 630.000 empleos pero en dos trimestres llevamos ya una pérdida de
390.200 empleos). Los datos constatan, además, que todo no se debe a la
herencia recibida: la reforma laboral y las medidas que se están adoptando no
favorecen la recuperación económica, ni permitirán que se cree empleo ni en el
corto, ni en el medio plazo, por el contrario, ahondarán en la recesión y el paro,
incrementarán las desigualdades y empobrecerán a la población. Es una
inmoralidad reducir las prestaciones de los desempleados en un contexto de
destrucción de empleo y con el 13,3% de los hogares con todos sus miembros en
paro, mientras se apela a la sensibilidad de las medidas. Hasta la reforma
laboral había un 10% de trabajadores afectados por expedientes no pactados,
ahora la proporción alcanza al 76%. Por todo ello, No vamos a parar, hasta
frenar esta política ineficaz e injusta, que nos lleva a la ruina.
Los datos de la
Encuesta de Población Activa referentes al segundo trimestre del año 2012,
hechos públicos oficialmente hoy por el INE, recogen un aumento de 53.600
parados (un 1%) respecto al trimestre anterior, lo que eleva el total de
desempleados hasta los 5.693.100. Esto sitúa la tasa de paro en el 24,6%, 0,2
puntos más respecto al primer trimestre de 2012, y 3,7 puntos por encima de la
recogida hace un año. Además, la población ocupada cae en 15.900 personas, lo
que supone un descenso del 0,1% respecto al trimestre anterior y de un 4,8%
frente al segundo trimestre de 2011.
En este segundo
trimestre del año, la población activa aumenta en 37.600 personas, aunque al
distinguir por sexos, se produce una recuperación en la masculina (del 0,3%), y
un estancamiento de la población femenina, en términos trimestrales. En
términos interanuales, sin embargo, continúa la tendencia de caída de la
población activa masculina (un 0,7%) y aumento de la femenina (un 0,6%), aunque
a menor ritmo.
El número de ocupados
cae en un 0,1% respecto al primer trimestre de 2012, siendo la caída en
términos interanuales de un 4,8%, confirmando de nuevo los destructivos efectos
de la reforma laboral, a los que se suman las políticas de recorte de gastos y
reducción del déficit público. En este segundo trimestre del año y a pesar de
la reforma laboral, no hay creación de empleo indefinido (sólo hay 4.400
asalariados indefinidos más que a comienzos del año), mientras continúa la
destrucción de empleo temporal (con una caída del 0,5%), situándose la tasa de
temporalidad en un 23,7%, lo que supone una reducción de una décima respecto al
trimestre anterior. En términos interanuales, cae el número de asalariados
indefinidos en un 3,5% y el de los temporales en un 12,7%.
Frente al trimestre
anterior, desciende el número de ocupados a tiempo completo, en 110.200
personas, incrementándose, por el contrario, el empleo a tiempo parcial (con un
aumento de 94.300 personas, repartidas a partes iguales entre hombres y
mujeres). La disminución de los ocupados a tiempo completo se produce tanto
entre hombres como entre mujeres, aunque es mayor en el primer caso (una caída
del 0,9%).
Por sectores, la mayor
destrucción de empleo, en términos relativos, se concentra en la agricultura
(con un 5,7% de ocupados menos que en el primer trimestre), seguida de la
industria (con una caída del 0,9%). La construcción recupera un 0,5% de
ocupados (aunque en términos interanuales recoge una caída del 16,5%). En el
sector servicios hay apenas un 0,3% más de ocupados que en el trimestre
anterior, y un 3,7 por ciento menos si la comparación es con el año 2011).
Con todos estos datos,
el número de desempleados aumenta en 53.600 personas, lo que sitúa la tasa de
desempleo en el 24,6%. En este trimestre el número de desempleados aumenta en
todos los grupos de edad (3,9% entre los jóvenes y 4,5% entre los mayores de 55
años) y entre los hombres (un 2,3%), especialmente, los españoles, pues entre
los extranjeros se produce una disminución del número de desempleados, tanto
hombres como mujeres (de un 3,6% y un 5,9% respectivamente), en buena medida
por el abandono del mercado de trabajo español (cae la población activa
extranjera, masculina y femenina).
A pesar de aumentar la
tasa de paro masculina (medio punto respecto al trimestre anterior) y reducirse
la femenina (en dos décimas), sigue por debajo de la tasa de paro de las
mujeres, en el 24,7%. La tasa de paro juvenil se eleva ya al 53,3% de la
población activa de los menores de 25 años, coincidiendo además con la
incorporación de jóvenes al mercado de trabajo, como sucede en los trimestres
centrales del año (la población activa juvenil ha aumentado un 1,4% respecto al
primer trimestre).
El dilatado tiempo que
los parados llevan buscando un empleo eleva la tasa de paro de larga duración
hasta el 12,9% de la población activa, es decir, más de la mitad de los
desempleados (el 52,2%) lleva más de un año en esa situación.
El número de hogares en
los que todos sus miembros en activo se encuentran en desempleo, aumenta en
9.300, y se instala en 1.737.600 hogares en esta situación, un 0,5% más que en
el trimestre anterior, y un 27,1% más que hace un año.
Conclusiones
Aunque a priori los
datos parezcan buenos, el segundo trimestre del año siempre ha sido un
trimestre de creación de empleo en términos trimestrales (salvo en el segundo
trimestre de 2009). Siempre ha destacado como el momento del año donde mayor es
la tasa de incremento de la ocupación. En este año, sin embargo, como en el
2009 (recordemos que fue el peor año de la primera parte de la crisis que
seguimos viviendo), se ha destruido empleo. Esto no vaticina nada bueno para el
conjunto del año, pues este segundo trimestre es el que marca la tendencia del
conjunto. Luego estamos hablando de un año de destrucción de empleo,
nuevamente, y según todo apunta, la destrucción de empleo será mayor de la
anunciada por el Gobierno, a la vista de las últimas medidas adoptadas y la
crítica situación de nuestra economía (el Gobierno prevé 630.000 empleos
equivalentes a tiempo competo destruidos, mientras en los dos mejores
trimestres llevamos ya una pérdida de 390.200, de empleos en total).
Porque las medidas
adoptadas no favorecen la recuperación económica, ni tampoco se prevé que se
pueda crear empleo ni a corto ni a medio plazo, sino todo lo contrario, a la
vista de la EPA hoy conocida.
El segundo trimestre de
2012, enteramente bajo mandato del Gobierno actual, refleja el despropósito de
las políticas de este Gobierno, que no son las adecuadas para hacer remontar la
economía ni, mucho menos, el empleo.
Tras las primeras
repercusiones de la reforma laboral, en forma de mayor destrucción de empleo en
el primer trimestre del año, en este segundo se añaden las medidas de la mal
llamada austeridad que el Gobierno implanta sin ton ni son. Y que se harán más
visibles en la EPA del tercer trimestre, cuando entre en vigor, entre otras, el
aumento del IVA.
Porque si además se
recortan las posibilidades de consumo de los ciudadanos (reduciendo los
salarios de los empleados públicos, destruyendo empleo y eliminando o
reduciendo prestaciones por desempleo), la recuperación cada vez está más
lejana.
El aumento en la
contratación que la reforma laboral pretendía no se produce por la recesión
económica en la que continuamos profundizando, según ha avanzado el Banco de
España.
Claramente entonces no
todo se debe a la herencia recibida, sino al tipo de políticas que se están
llevando a cabo en toda la Unión Europea, con especial intensidad en nuestro
país, cuyo único objetivo pretende el ajuste de las cuentas públicas,
reduciendo gastos para lograr el déficit establecido como límite en el Pacto de
Estabilidad y Crecimiento.
Desde que este Gobierno
tomara posesión todas las actuaciones de política económica han ido encaminadas
a lograr ese objetivo, sin considerar que para poder reducir el déficit también
hay que ingresar, y no hay ingresos si no hay actividad económica. Es imposible
que se alcancen los objetivos establecidos únicamente con políticas de recorte
y eliminación del Estado del Bienestar. El Estado del bienestar no es
insostenible porque sea un lujo: es una necesidad para que el crecimiento
económico (cuando se recupere) se base en la solidaridad, en la equidad y en la
justicia social. Destruir el Estado del Bienestar, como lo está haciendo el
Gobierno, es sentar las bases de una sociedad más desigual, con mayor riesgo de
pobreza, con una mayor precarización, y con menores posibilidades de
recuperación y crecimiento a largo plazo.
Los últimos datos de
Expedientes de Regulación de Empleo ya avanzaban lo que hoy se confirma en la
EPA: ha aumentado en un 53% el número de trabajadores afectados por ERE entre
enero y mayo respecto al mismo periodo del año anterior, registrándose un
incremento en todos los tipos, tanto de extinción, como suspensión y reducción
de jornada. Lo que llama la atención sobremanera es el cambio de tornas en la
forma de alcanzar los EREs: hasta la reforma laboral (febrero de este año) la
proporción era de 10% de trabajadores afectados por expedientes no pactados.
Ahora, esa proporción alcanza al 76% de los trabajadores.
Por tanto, no sólo se
sigue destruyendo empleo, a un ritmo más elevado debido a la recaída incesante
de la actividad económica, sino que se hace en peores condiciones para los
trabajadores. Y las condiciones para los que no ven destruido su puesto de trabajo,
pero sí modificado (reducción o suspensión) también se depauperan.
¿Qué medidas habría que
tomar? Si el objetivo de la política económica es favorecer las condiciones
para el crecimiento y desarrollo económicos, así como la cohesión social y la
protección de la ciudadanía, las medidas han de encaminarse a estimular la
actividad económica favoreciendo el mantenimiento y la creación de empleo con
un mínimo de calidad. No podemos seguir destruyendo empleo y eliminando la
calidad de los trabajos, porque los trabajadores, además, somos consumidores.
El motor de la economía española ha estado siempre en la demanda nacional, no
podemos pensar que, aunque el sector exterior mejore, sea el que nos saque de
la situación en la que nos encontramos. Puede servir de estímulo, de arranque,
pero no tiene capacidad para tirar de toda la economía. Y menos si nuestro
principal destino (Europa) se encamina a una mayor recesión (como ya avanzaban
los datos del Reino Unido conocidos esta semana).
No se puede abandonar a
los que han perdido su puesto de trabajo y, por el continuo empeoramiento de la
situación económica, no pueden encontrar un empleo. No es que no lo busquen, es
que no lo hay. Reducir las prestaciones de los desempleados en un contexto de
destrucción de empleo y con el 13,3% de los hogares con activos donde todos sus
miembros están en paro, mientras se apela a la sensibilidad de las medidas, es
una inmoralidad.
Por eso, por un cambio
en las políticas económicas, porque sí hay otras posibilidades, no vamos a parar.
En septiembre, las organizaciones que hemos participado en la Cumbre Social
celebrada en Madrid el 25 de julio, nos proponemos intensificar la movilización
social y democrática para hacerla más contundente y masiva, para decir NO a
tanta injusticia.